– “La virtud y la piedad se destruyen la una a la otra”
Eneas pronuncia esta frase en un contexto de reflexión colectiva. La primera aventura al frente de una parte del ejército troyano/latino, de Ascanio (Iulo) el hijo de Eneas termina con el padre yéndolo a buscar. Lo trae de nuevo a Lavinium desde Alba Longa porque considera que este solo está preocupado por guerrear y que un hombre preocupado por guerrear más que por ocuparse de los campos o el gobierno de las ciudades es un gobernante que conducirá inexorablemente a la ruina a los suyos.
Este episodio está situado en el momento en que Eneas ya vencedor se encuentra gobernando el lacio y decide darle a su hijo un mando en un puesto fronterizo para que se ejercite en las dificultades del gobierno. Úrsula K Le Guin sitúa este episodio como una conversación que tienen padre e hijo frente a algunos de sus principales generales y miembros de la nobleza de su nuevo reino. Discurren amablemente, como si se tratase de un banquete filosófico donde se reflexiona sobre ciertos aparentemente abstractos. Lavinia nos dice que el tema de la conversación comienza siendo la virtud. Uirtus en latín (virtud) tiene la misma raíz que Uirum que significa héroe u hombre insigne (varón importante, etc.) y están relacionados con Uis (la violencia/el ataque violento). Lavinia derivará de todo esto que la virtud entonces es la virtud masculina, entendiendo la palabra en su sentido original. Ella la llama masculinidad.
En el eje del problema Eneas reflexiona sobre esto porque existe un intercambio entre Lavinia y Ascanio donde se muestran diferentes formas de contemplar la virtud. La sabiduría por ejemplo, como virtud, nos saca de la masculinidad ya que como bien reconoce Ascanio “las mujeres son capaces de poseer sabiduría”, sin embargo el mismo dice que esto no es una “auténtica virtud”. Naturalmente si la virtud es entendida como un principio de masculinidad entonces Ascanio va a negarle a Lavinia la posibilidad de ser “virtuosa”. Eneas desvía la cuestión al tema de la piedad (la Pietas) que adquiere aquí un significado totalmente distinto al de la concepción cristiana (que está relacionada a la misericordia, al perdón, al mandato de ayudar al prójimo, etc.). En este mundo grecorromano la piedad es la obediencia a los poderes del cielo y de la tierra, cumplir la voluntad del destino individual, hacer lo correcto, pero algo todavía más importante que es no oponerse al Fatum. Los hados, el destino, lo que así debe ser, el mandato divino. Todo eso puede englobar a la palabra Fatum.
Eneas es un hombre pío en La Eneida de Virgilio porque cumple con aquello que el supremo dios que rige los destinos del mundo ha designado para él. Es decir no solo no olvida el mandato de los dioses sino que carga con sus penates, obedece a su padre y le demuestra amor filial. Lo que Ursula K Le Guin pone en tela de juicio es si un hombre pío es un hombre virtuoso. Si en la guerra la virtud es la piedad, según dice Ascanio solo quien vence es el hombre pío. Esto llena de dudas a Eneas porque se debate con su conciencia. Obedecer al destino implica desobedecer en ciertos momentos a lo que el héroe cree que es lo correcto. Muchas cosas pueden pesar entonces en el Eneas reflexivo…quizás el abandono de Dido, quizás el asesinato de un enemigo rendido como Turno, quizás los errores en la conducción de la guerra, o quizás, lo más probable, todo junto.
Eneas se muestra piadoso muchas veces a lo largo de la Eneida, pero interpone esos episodios a los de la virtud (entendida como lo masculino). Uno de esos momentos es cuando a través de Venus observa que debe salvar a los suyos, los penates y su padre y se olvida momentáneamente de Troya en llamas para acudir en auxilio de los suyos. Se muestra sensible cuando las mujeres no quieren partir nuevamente en dirección a Italia desde Sicilia y se muestra también pío cuando tanto los funerales de sus compañeros caídos en Tracia como en los funerales de su padre en Sicilia. Todos estos episodios muestran a un Eneas que no olvida a sus antepasados, ni sus deberes religiosos, ni sus dioses domésticos. Podemos decir que estos episodios nos encontramos con un Eneas que es digno del amor de los dioses.
En Lavinia en cambio lo encontramos en el episodio narrado anteriormente, y un episodio anterior (donde se encuentra con Lavinia en sus habitaciones) donde conversa atormentado con su esposa acerca de su cargo de conciencia por la muerte de Turno. Ella intenta convencerlo de que no ha tenido la culpa, y que por eso no debe cargar con tamaño peso en su conciencia. Ella lo convence de que tanto Turno como Mecencio anteriormente han tenido la responsabilidad de los actos que desencadenaron su misma muerte. No el héroe.
Cabe destacar que el episodio de la muerte de Eneas nace de un acto de misericordia, le perdona la vida a un pastor que le ruega que no lo mate. El pastor entonces huye, pero luego recoge una lanza y se la arroja penetrándolo por la espalda, en una muerte a traición.
Lo que Le Guin pone en tela de juicio entonces no es la capacidad de los heroes de tener piedad de un enemigo vencido, sino la verdadera acepción de lo que significa ser pío, o bienamado de los dioses. La virtud es el valor de los varones mientras que ser pío es precisamente destacar los valores humanistas que contradicen a la fuerza bruta, al valor de los brazos y al fuego de la guerra.

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